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Hablar
de los Juegos Tradicionales en Burgos es tarea bastante complicada.
Si a un burgalés del Valle de Mena le hablamos del
juego de la Tarusa, se creerá que
le estamos hablando en chino. Y no: le estamos hablando del
juego que él conoce con el nombre de Tuta
y que por la parte de Roa recibe este nombre, juego en el
que los meneses son unos maestros reconocidos.
Si de bolos hablamos, tenemos que afinar bastante. Los hombres
juegan al Bolo Burgalés, al Tres
Tablones, al Pasabolo Tablón,
a los Bolillos. Las mujeres tienen los Bolos
de Belorado, los Bolos de la Comarca del
Pisuerga y el Bolo Ribereño.
La Calva en la Comarca del Pisuerga se llama
Chana, en la zona del Arlanza se conoce como
Marro y en otras zonas la llaman Morrillo.
Resulta indudable que la mayor riqueza lúdica está
en la gran variedad de Bolos. Pocas provincias de España
pueden presumir de ser exportadoras de variantes tan bonitas
y espectaculares como son el Bolo Burgalés
y el Bolo Tres Tablones, modalidad ésta
que ha dado lugar a numerosas variaciones de juegos de bolos
en otras provincias, destacando por su importancia el Pasabolo
Tablón.
Pero
la gran importancia de los Bolos no debe desmerecer o hacer
sombra al resto de juegos tradicionales que han llenado los
ratos de ocio de los burgaleses desde hace casi diez siglos.
La Tuta, practicada en casi todos los pueblos
de la provincia. La Calva, extendida antaño
por toda la geografía Burgalesa, que cayó posteriormente
en el olvido y que actualmente se está volviendo a
recuperar. La Chana, antecedente de la Calva,
protagonista de bellísimas jornadas lúdico festivas
en la sierra de la Demanda, concretamente en la localidad
de Monterrubio de la Demanda. La Rana, esa
humilde mesa de juego con una historia milenaria, que vuelve
a ser un elemento más de los merenderos y de los patios
de los bares o tabernas de nuestros pueblos.
La Barra, juego de fuerza que en la Ribera
del Duero se ha recuperado para solaz de mozos forzudos y
entrenados.
Hay más juegos, algunos de reciente incorporación
a nuestra provincia, pero recibidos con ilusión como
se recibe a un amigo que viene a visitarnos y se acaba quedando
con nosotros, como el Billar Romano. Otros
son más serios, como la Corta de Troncos con
hacha. Los hacheros de los Pinares burgaleses, de
Vilviestre, Duruelo o Quintanar, por citar sólo algunos
ejemplos, deleitan con sus exhibiciones a cuantos tienen la
ocasión de presenciar un reto o un campeonato de corta
de troncos.
Quedan todavía más juegos. Juegos de pastores,
juegos de apuestas, juegos que ya no se practican y juegos
que se han recuperado del olvido.
Tampoco nos podemos olvidar en esta pequeña obra del
juego de pelota, que en el pasado, tantas jornadas ha llenado
los ratos de ocio de nuestros mozos, y que en la actualidad
ha propiciado que algunos de nuestros paisanos hayan pasado
a formar parte del mundo profesional de los “pelotaris”
vascuences.
Pero mejor será que a partir de este momento nos dediquemos
a conocer de una manera más extensa a cada uno de ellos.
Para
una mejor comprensión de nuestros juegos y deportes
se ha recurrido a las definiciones que de ellos ofrece el
Diccionario Ideológico de la Lengua Española
de J. Casares, aunque en algún caso se ha acudido al
María Moliner para contrastar alguna definición
o para ampliar datos que permitan al lector hacerse una idea
más aproximada. En algunos casos ha sido necesario
o conveniente conocer definiciones de otros diccionarios,
lo cual se indica oportunamente.
También se ha consultado una interesante obra de D.
José María Codón, "El Dialecto Burgalés",
en la que aparecen curiosas e interesantes definiciones de
algunos juegos o de los elementos materiales necesarios para
su práctica. |
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